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De los dos no se hace uno (14/06/2014)
Me excusarán los lectores por polarizarme en esta edición, pero en esta ocasión escribiré acerca de una comunidad específica que decide casi todo su presente y futuro este domingo 15 de junio, además de ser un tema que afecta a Latinoamérica y España por los lazos comerciales e históricos que les une. Me refiero a las votaciones a Presidente de Colombia en el que seguramente por el desencanto generalizado habrá un alto índice de abstención como sucedió en la pasada primera vuelta del 25 de mayo.
Si la memoria no me traiciona, no estaré lejos de la realidad al afirmar como cientos de colombianos que ha sido la campaña política más sucia, abominable y traicionera a tenor de las situaciones que se han vivido alrededor del entorno. Se han vivido un sinnúmero de escándalos, entre ellos espionajes informáticos y acusaciones de toda índole propias de un espectáculo circense.
La paz es el punto de discordia y relevante en esta campaña electoral, especialmente un argumento válido en el que el candidato- presidente, Juan Manuel Santos no solamente se ha amparado durante su gobierno, sino que ha reforzado en los últimos días de campaña con anuncios como los de iniciar diálogos paralelos con la otra guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional, (ELN), no tan poderosa como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con las que se negocia desde hace dos años en La Habana, pero sí con la suficiente infraestructura como para causar daño al país en cada una de sus acciones subversivas.
Vergüenza ajena sienten los colombianos al escuchar cada uno de los discursos plagados de insultos y carentes de propuestas sociales. No hay derecho que un país de 45 millones de habitantes tenga que escoger entre el menos malo, no lo dice quien escribe, lo confirman los foros de los medios de comunicación y las redes sociales.
Respecto a la paz de Colombia, a mi criterio, Juan Manuel Santos no encarna ni es sinónimo de paz. La paz es mucho más que irse a negociar dos años en un territorio extranjero con un grupo de gente, cuyo principal negocio y fuente de financiación ha sido la guerra.
¿La paz a qué precio?. La paz es darles oportunidad a los colombianos de trabajo; la paz es tener en cuenta al sector agrícola; la paz es invertir en educación de calidad y un digno sistema de salud. La paz se logra integrando las áreas rurales de cualquier país a la vida integral del mismo. Existen políticas sociales para prevenir la formación y proliferación de futuros delincuentes, sin embargo, en Colombia el Presidente-Candidato cree que la paz es ir a firmar un papel y amedrentar a los colombianos diciendo que no habrá futuras víctimas como si las anteriores o sus familias no contaran, o como si tuviéramos que hacer borrón y cuenta nueva. La paz incluye la reparación de daños las víctimas, reconocimiento del delito y pagar con cárcel por los daños que se haya causado. Respecto al otro candidato Oscar Iván Zuluaga, del partido que lidera su jefe ideológico, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, no existe una propuesta concreta y también se ha dedicado durante toda la campaña a seguir las instrucciones de su jefe en las que se opone a todo lo que dice su contrincante, además de dejar muy claro que el proceso de paz de la Habana daría un giro de 365 grados.
A los colombianos les preocupa las relaciones con el vecino Venezuela. En el caso hipotético de una victoria de Zuluaga las relaciones con Maduro y su corte sería de altísima tensión. Que Dios nos coja confesados.

 

 

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